Curiosidades del vestido de bodas de Isabel II





Desde hace poco más de un siglo, los vestidos utilizados por las princesas, duquesas y reinas, de las casas reales que siguen existiendo, han sido objeto de admiración por el resto del mundo. Desde los que destacan por la opulencia de sus materiales y adornos, hasta los que reflejan un diseño sencillo, acorde a los tiempos modernos.

Hoy hablaremos del vestido que utilizó una de las reinas más queridas de la historia y que sigue siendo la representante de la corona inglesa, Isabel II. Una mujer que cuenta con una lista de curiosidades bastante imponente e interesante, como el hecho de ser conductora certificada de camiones y mecánica militar, funciones que desempeñó durante la Segunda Guerra Mundial.

Años en los que llamó la mirada de los reflectores por varios aspectos de su boda con el príncipe Felipe de Edimburgo. El primer punto importante sobre esta unión, recae en ser la primera boda monárquica, después de la guerra, por lo que la cantidad de dinero con el que se contaba para la ceremonia y eventos protocolarios estaba reducido.

Como segundo aspecto, el incremento de los televisores en las casas llevaría a la transmisión del evento, no sólo en Inglaterra, sino también en el mundo. Obligando a los organizadores a maximizar el rendimiento del escaso presupuesto, para estar a la altura de una boda real.

Entre flores y perlas

Todo esto nos lleva al tema central, el vestido y las curiosidades atrás de su hechura. A diferencia de los ropajes utilizados por las predecesoras de Isabel II, este no sería pagado con el dinero del erario, sino que la en ese entonces princesa, guardó parte de sus cheques de racionamiento, para pagar el costo de la prenda.

Un acto que marcaría el inicio de un acercamiento entre la familia real y el pueblo inglés, dando como resultado, varios donativos por parte de la gente, para juntar antes el dinero requerido para el vestido. Mismos que serían regresados por cortesía y demostrando la determinación de la futura reina.



En materia de diseño, este se realizó bajo la mano Norman Hartnell, reconocido diseñador de la época y un equipo de varias decenas de costureras. Al quedar terminada la obra, el mismo Hartnell lo describió como “el vestido más hermoso que había hecho hasta el momento”.

La tela que se utilizó fue satén de seda, procedente de China, sobre la cual se plasmaron diversos bordados, representando las flores endémicas de las diferentes localidades integrantes del Reino Unido. Idea inspirada por la pintura “La primavera”, del pintor renacentista Sandro Botticelli y recalcada con cristalería y perlas importadas de Estados Unidos, agregando brillo a la prenda magna.

Un vestido de imponente apariencia y elegante diseño, que fue lucido ante más de 2000 invitados, entre los que estaban las costureras que lo fabricaron, acto sin precedentes, y más de 200 millones de espectadores a través de la señal de la BBC.

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