La leyenda de La Peregrina





A la mayoría de las novias antes de su boda se les advierte que no usen perlas, ya que se consideran amuletos de mala suerte y que traerán desventuras en el matrimonio. Sin embargo, algunas joyas tienen peor reputación que otras.

Hoy hablaremos de la historia de una perla que se ha considerado maldita, por la cantidad de matrimonios que ha llevado a la ruina, es conocida como “La peregrina”, ya que no permanece mucho tiempo en un mismo sitio.

Las peculiaridades de esta pieza preciosa, van más allá de las anécdotas que le dieron fama, sino también por sus características físicas, ya que actualmente es la tercera perla más grande del mundo. De igual manera, la forma de pera que presenta es de las más simétricas de las que se tenga registro, pero no hablemos más de su apariencia y adentrémonos a su peculiar leyenda.

Su historia comienza en el siglo XVI, en una playa de Panamá, donde se cuenta que fue encontrada por un esclavo, mismo que decidió entregarla a cambio de su libertad. Las autoridades al recibir dicho tesoro, lo mandaron inmediatamente al Rey Felipe II de España.

Una vez que estuvo en manos del monarca, la cadena de infortunios dio inicio, la primera que padecería de la infelicidad matrimonial sería María I de Inglaterra, también conocida como Bloody Mary y segunda esposa de Felipe II. Aunque su matrimonio culminó tras la muerte de María, el soberano nunca pasó tiempo con su esposa, ya que no la encontraba atractiva y mantenía el vínculo por beneficio político.

Tras la muerte de María, la joya regresó a manos del rey, quien la entregó como regalo de matrimonio en más de una ocasión, con el mismo desenlace una y otra vez. La Peregrina permaneció como tesoro de la Corona Española por un par de siglos, hasta que Napoleón Bonaparte nombró a su hermano José, como el nuevo rey de España.



Para mediados del siglo XIX, la perla cambiaría de manos una vez más, en esta ocasión sería comprada por un Duque Inglés llamado James Hamilton. Sin embargo, la joya no traería infortunio sobre sus nuevos dueños, ni de sus descendientes, sino que, en esta ocasión, estaría a punto de perderse en más de una ocasión, en aparentes accidentes.

Tras cuatro generaciones de duques, la perla sería vendida a una tienda de joyas, donde caería en manos de Elizabeth Taylor, quien ya se había divorciado cuatro veces antes de obtener dicha alhaja.

El último paradero conocido de La Peregrina, fue una casa de subastas, donde su recorrido por el mundo se vuelve a diluir en la historia, dejando la intriga de si su “maldición” continúa.

Esta sólo es una de las tantas historias que existen sobre objetos que pueden traer mala suerte al matrimonio, no podemos asegurar que la maldición exista, lo que si podemos garantizar es que, si el amor es verdadero, no hay maldición que pueda separarlo.

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