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Monarquías & Diamantes

En Europa a diferencia del continente latinoamericano, todavía existen las monarquías que en tiempos pasados eran los encargados totales del gobierno de sus países. En la actualidad estas figuras monárquicas, aunque siguen vigentes no necesariamente tienen alguna injerencia política en el país o si la tienen cuentan con un gabinete democrático con el que en conjunto toman las decisiones políticas del país, como sucede en países como España e Inglaterra. A pesar de estos cambios sociales, lo cierto es que los habitantes siguen teniendo cierto decoro hacia todos los miembros de la realeza, pues aunque su injerencia en asuntos de estado no sea ya total, aún conservan las riquezas que los han distinguido por siglos. Además de los exuberantes palacios o propiedades en las que viven, otro de los atractivos son las colecciones de joyas y diamantes que forman parte de sus coleccione privadas, y que agrandan su patrimonio económico. Una de las colecciones más vistosas son las que forman parte de la Casa Real Británica. Sus pertenencias están formadas por coronas, cetros, anillos, tiaras y otras piezas que están formadas con los metales y piedras preciosas más valoradas alrededor del mundo. Las joyas son usadas por la Reina o por algún otro miembro de la familia real sólo en eventos sumamente importantes o cuando el protocolo lo exige. Fuera de estas ceremonias, las piezas se encuentran resguardadas en la Torre de Londres, bajo un sistema de alta seguridad pues es una de las colecciones mejor valuadas alrededor del mundo. En este artículo repasaremos algunas de las piezas más destacadas de esta maravillosa colección, que no es sólo valorada por la fineza de las piezas que la conforman, ni por su valor económico sino por lo delicado de su diseño, que sin duda las transforma en valiosas obras de arte. La corona de San Eduardo es una de las piezas centrales de la colección, pues es la que se utiliza exclusivamente durante las ceremonias de coronación de los nuevos reyes o reinas, la estructura base está formada en oro, y busca evocar la forma de ocho florones alternado con flores de lis, que son unidos en una cruz. Algunas de las piedras preciosas que conforman su estructura son: zafiros, amatistas, perlas y topacios de la más alta calidad. No se utiliza en otra ocasión más que cuando se trata de coronar al nuevo monarca regente de la Gran Bretaña, no sólo por su alto valor, sino por su gran volumen. Su peso es de casi dos kilos. Si se tratan de evento altamente protocolarios, como las coronaciones o nombramientos de otros miembros de la realeza, así como las ceremonias de apertura de las sesiones parlamentarias, el o la monarca hará uso de la Corona Imperial del Estado, que confeccionada para el uso de la Reina Victoria, en 1838, y contrario a la de San Eduardo, esta corona pesa un poco menos de un kilo, por lo que puede ser usada de manera más frecuente. Está formada por cuatro diademas en las que se montaros más de dos mil diamantes, perlas, zafiros, esmeraldas y rubíes. Al interior está formada por una capa de terciopelo. Sin embargo, no sólo se hace uso de coronas para simbolizar la importancia moral y política de un monarca. También están los cetros. Dentro de la colección se encuentran catalogados cuatro cetros y orbes que están limitados en su uso, al igual que las coronas, a ciertas ceremonias protocolarias de alta importancia. El cetro de la Cruz, es otra de las envestiduras oficiales que debe portar el monarca el día de su coronación, mide poco medos de un metro. Su estructura está realizada en oro, y cuenta con incrustaciones del brillante Cullinan I, que durante mucho tiempo se le considero la piedra preciosa más grande de la que se tenía registro, pues supera los 530 quilate. También se le conoce como la Gran Estrella de África. En cuanto a los orbes, son esferas montadas en algunas ocasiones en cetros que representan el globo terráqueo y que básicamente era una representación de la autoridad. En el caso del Orbe del Soberano, lo porta el monarca durante la ceremonia de su coronación y consiste simplemente de una esfera hueca  de oro, que en la parte superior cuenta con una cruz. También se encuentra atravesada por dos líneas de piedras preciosas. Este orbe representa al monarca como el gran defensor de la fe. Otras piezas que forman parte de la ceremonia de coronación, son cinco espadas enjoyadas, que no sirven para el combate, son meramente ornamentales. En la antigüedad se utilizaban las cinco espadas, pero en años más recientes el monarca sólo porta la Espada Enjoyada de Ofrecimiento, en ellas se contiene distintos emblemas representativos de la vegetación de Gran Bretaña. Al igual que las otras piezas, se combinan las bases en oro con distintos tipos de piedras preciosas. El resto de las espadas, sólo son expuestas en el salón en el que se esté llevando la ceremonia protocolaria en cuestión. Quienes se encargan de nombrar a los nuevos reyes son miembros altos de la iglesia británica. En este caso, la responsabilidad cae en el arzobispo de Canterbury, mediante una ceremonia de unción, unge al nuevo monarca con un óleo extraído de una vasija de oro con forma de águila. También hace uso de la cuchara de la unción que también está formada en oro, y ornamentada con perlas. Estas dos piezas son los artículos más antiguos  de todos los que son usados durante el proceso de la coronación.

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